domingo, 23 de agosto de 2009

Coherencia


Se denomina coherencia al valor por el que actuamos de acuerdo con nuestros principios. Se es coherente cuando aquello que se piensa se traduce en palabras y lo más importante, en hechos. En definitiva, es la actitud por la que se vive de forma acorde entre lo que se dice, se defiende y se hace.

Ser coherente es difícil. Hablar es fácil. Hacer todo lo que se dice no lo es tanto. Decían los griegos clásicos: “No me digas que es la sabiduría. No me digas cómo vivir y obrar bien. Muéstramelo”. Es decir, el ejemplo como la mejor forma de enseñar y ser coherente.

Así es, pues mal ejemplo se puede dar si se dice una cosa y se actúa de manera contraria: obras incoherentes con las palabras. Por tanto, la coherencia, consiste en no desviarnos de nuestra propia esencia. La que sea. Hasta aquellos que actúan mal pueden ser coherentes. No es coherente, por ejemplo, un pirómano que a su vez, trabajara de bombero. Con ello, vengo a decir que la coherencia no tiene nada que ver con la bondad o con lo positivo de nuestros actos, sino con la identificación entre pensar y actuar.

Quienes logran o consiguen ser coherentes en su actuar –muy pocos lo consiguen al cien por cien por no decir que casi nadie- se erigen como grandes ejemplos para el resto de los hombres, especialmente cuando sus actos son de provecho y beneficio para los demás. Sin embargo, como digo, es difícil ser siempre coherente como lo es, ser completa y absolutamente honesto en todo momento. (Véase el post dedicado a Honestidad).

Han existido grandes pensadores en la historia de la humanidad que han influido extraordinariamente con sus ideas y que en cambio, vivieron de manera no coherente sus vidas. Sirvan algunos ejemplos como el de Nietzshe, gran filósofo vitalista, quien llevó una vida llena de amargura o, Rousseau, el gran filántropo ilustrado, quien abandonó a sus hijos en un hospicio.

Entonces ¿cómo lograr en la medida de lo posible ser coherentes? Séneca -el gran filósofo estoico de origen hispano decía: “No pretendo que el sabio deba caminar siempre al mismo paso, sino por la misma ruta”. Es decir, si no podemos ser coherentes siempre, al menos, tenemos que ser conscientes e intentarlo.

Cuando somos honestos y coherentes no necesitamos explicarnos: nuestro comportamiento y actitud hablan por nosotros. Es como la humildad. Los verdaderamente humildes no alardean de ello sino que pasan desapercibidos. Lo mismo ocurre con la coherencia. Dice un refrán muy extendido: “Dime de qué presumes y te diré de lo que careces”. Con frecuencia, los que más hablan de lo que hacen son los que menos hacen. “Factum non verba” (hechos y no palabras) que decían los antiguos latinos.

En definitiva, coherencia es: pensar, sentir, hablar y actuar en el mismo sentido.

Y, ¿para qué ser coherentes? Pues porque la congruencia entre pensamiento y acción es imprescindible para alcanzar paz interior. Decir y hacer de la misma manera nos ahorra muchas contradicciones y conflictos internos con nosotros mismos y con los demás. Las personas coherentes son consideradas auténticas y generan admiración, confianza y respeto. Como sostenía Epicuro, no hay otro camino que sentir lo que se hace y hacer lo que se siente.

El problema de vivir este valor es que somos muy susceptibles y vulnerables a la influencia de las personas y las circunstancias. En muchas ocasiones, por miedo, callamos; evitamos contradecir la opinión equivocada de otros, o definitivamente, hacemos lo posible por comportarnos de aquella manera que creemos nos provocará menos problemas. La coherencia exige mantenernos firmes, aún a costa de nuestra posición, la amistad o la opinión de otros.

Puede también suceder que actuando con base en nuestras convicciones actuemos coherentemente bajo la premisa del “a toda costa” porque “yo soy así, así pienso y así actúo”. Es cierto que la coherencia exige esa firmeza, pero sin olvidar que debe ir acompañada de un criterio bien formado para no caer en la obstinación. Por eso, siempre debemos ser conscientes de que la coherencia, debe ser mostrada de manera flexible. Por un lado tenemos que saber callar y ceder en cosas sin importancia; pero en circunstancias en las que estén en juego principios o derechos, se tiene la obligación de enfrentar la situación de forma coherente para evitar problemas más tarde. Este es el motivo por el cual, la coherencia debe combinarse con el ejercicio de la prudencia.

¿Qué necesitamos para ser coherentes, conocimiento de los valores o voluntad de ejercerlos? En estricto sentido, ambos. Voluntad para superar nuestro temor a ser “diferentes” con el implícito deseo de ser mejores. Con el conocimiento, hacemos más firmes nuestros principios, descubriendo su verdadero sentido y propósito, lo que nos ayudará a ejercitarnos en su ejercicio y a vivirlos de manera natural.

Para la práctica y vivencia del valor de la coherencia:

- Examina si tus actitudes y palabras no cambian según el lugar y las personas con quien estés. Procura que en todo lugar y momento se tenga la misma imagen y opinión de ti.

- Piensa en la coherencia que exiges de los demás y si tú actúas y correspondes, al menos, en la misma proporción.

- Cumple con tus obligaciones o compromisos lo mejor que seas capaz.

- Considera que en ocasiones puedes estar equivocado: escucha, reflexiona, infórmate y corrige tu actitud si es necesario.

La experiencia demuestra que nuestras decisiones son más firmes y vivimos con mayor tranquilidad, al comportarnos de manera coherente. Esa coherencia aumentará nuestro prestigio personal, profesional y moral, lo cual garantizará incondicionalmente la estima, el respeto y la confianza de los demás.

Y para concluir, un par de frases sobre coherencia:

“Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive”. (Gabriel Marcel, filósofo y dramaturgo francés).

“No le pidas peras al olmo”. (Refranero español).

domingo, 2 de agosto de 2009

Un poco de Taoísmo

El "Tao King" de Lao Tse es el texto fundador del Taoísmo, una filosofía china nacida hace más de 2.500 años. El Tao King es una guía de sabiduría que se presenta bajo la forma de una serie de aforismos o metáforas.

Como el Budismo, la filosofía del Tao está basada en el principio del Yin y del Yang: día-noche, masculino-femenino, frío-caliente, etc. Todos ellos se alimentan el uno del otro, esto es, de las polaridades complementarias de una misma energía. En el perpetuo movimiento entre esas polaridades está el origen de la principal característica del mundo material: la impermanencia: todo cambia. Lo único que nunca cambia, es que todo cambia continuamente.
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Como la mayoría de filosofías orientales, la del Tao está muy inspirada en la observación y la contemplación de la naturaleza.
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Algunas propuestas del Taoísmo

Habla sólo cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir antes de hablar. Sé breve y preciso pues con cada palabra emites una parte de tu energía y tienes que aprender a hablar sin perder energía. Nunca hagas promesas que no puedas cumplir. No te quejes y no utilices palabras que proyecten negatividad porque tus palabras son energía y crean. Si no vas a decir nada bueno, verdadero y útil, es mejor que calles. Practica el silencio interno para valorar lo que la vida te trae y toma tu decisión después. De esa manera desarrollarás confianza y sabiduría.

Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía. El universo mismo es el mejor espejo de la naturaleza. El universo acepta sin condiciones: nuestros pensamientos y emociones; nuestras palabras y acciones, y siempre, nos envía el reflejo de toda esa energía mediante las circunstancias que vienen a nuestra vida.

Si te identificas con el éxito, tendrás éxitos. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos. Por eso, lo que vivimos es la manifestación externa de nuestros pensamientos, palabras y actos. Aprendamos a ser como el universo, escuchemos y reflejemos nuestras emociones sin prejuicios, aprendiendo a hablar de otra manera: sosegando nuestra mente y evitando las reacciones emocionales excesivas. Busca siempre una comunicación sincera y fluida.

Evita juzgar y criticar a los demás. El Tao es imparcial y no emite juicios. No critica. Tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad. Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es expresar tu opinión personal, y eso, no es más que una pérdida de energía, simple ruido. Juzgar, es una manera de esconder tus propias debilidades. El sabio lo acepta todo y no emite juicios.

Recuerda que todo lo que te molesta de los demás es una proyección de todo lo que todavía no has resuelto en ti mismo. Deja que cada cual resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas de las palabras ofensivas de los otros. Cuando tratas de defenderte, en realidad, estás dándole demasiada importancia a sus palabras y de esa manera, das más fuerza a su agresión verbal. Si aceptas el no defenderte, estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que son simples opiniones y que eres inmune. No necesitas convencer a los demás para sentirte feliz. Tu silencio interior te vuelve impasible. Haz regularmente un ayuno de palabras. Reeduca tu ego, ese que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo. Practica el arte de no hablar. Toma un día a la semana para abstenerte de hablar, o al menos, algunas horas al día. De esa manera conocerás y aprenderás el ilimitado universo del Tao. Poco a poco, desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna, reemplazará tu personalidad artificial. Así brotará luz de tu corazón y poder de la sabiduría del silencio. Gracias a esta fuerza, atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y sentirte libre. Sin embargo, cuida que el ego no interfiera. Mantendrás tu poder mientras el ego esté sujeto y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de su poder, se convertirá en un veneno para tu ser.

Practica pues el silencio y cultiva tu propio poder interno.

No te des mucha importancia. Sé humilde. Cuanto más arrogante, superior o prepotente te muestres, más prisionero serás de tu propia imagen y de un mundo irreal de tensión e ilusiones.

discreto preservando tu vida íntima. Así te liberarás de la opinión de los demás. Tu vida será tranquila y pasarás desapercibido. Te percibirán misterioso, indefinible e insondable como el Tao.

No compitas con los demás. Sé como la tierra que nos nutre y da lo que necesitamos cuando la plantamos. Ayuda a los demás a descubrir sus cualidades, virtudes y a desarrollarse como personas. El espíritu competitivo desarrolla ego y genera conflictos.

Ten confianza en ti mismo. Preserva tu paz interior. No caigas en la provocación y las trampas que te tiendan.
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No te comprometas fácilmente. Si actúas precipitadamente y sin consciencia de las situaciones, vendrán complicaciones a tu vida. La gente no tiene confianza en aquellos que dicen sí muy fácilmente porque saben que ese sí, no es sólido.

Si sobre algo no sabes o no tienes la respuesta a la pregunta, acéptalo. El hecho de desconocer es incómodo para el ego que quiere saberlo todo y siempre quiere opinar y tener razón. En realidad, el ego no sabe nada, simplemente hace ver que sabe.
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Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.

No trates de forzar, manipular y controlar a los otros.

Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son. Están donde están: en su particular grado de evolución personal y hacen y dicen lo que tienen capacidad de ser.

Dicho en otras palabras, vive siguiendo la vida sagrada del Tao.

domingo, 26 de julio de 2009

Austeridad

Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Arístipo que vivía confortablemente a base de adular al rey. Y le dijo Arístipo: «Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas». A lo que replicó Diógenes: «Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey».

La palabra austeridad deriva del latín austeritas, austeritati, austerus, a, um, cosa áspera y acerba al gusto, como es el sabor de las frutas que aún no están maduras.
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La austeridad es una de las grandes virtudes del ser humano. El diccionario la define como la “cualidad de austero”, y a éste, como “severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral” y también como “sobrio, sencillo, sin ninguna clase de alardes”.
La austeridad no sólo es virtud de las personas individualmente consideradas, sino también de las empresas o agrupaciones de cualquier tipo. Es la virtud de oro, con valor definitorio, de un buen gobierno. En éste, la austeridad se manifiesta en la actitud prudente y equilibrada de los gobernantes; en la limpieza, claridad, acatamiento de las leyes, el respeto de los principios democráticos y la cooperación entre los organismos y poderes del Estado. Y sobre todo, en el manejo con absoluta pulcritud del dinero público, que no sólo deberá administrarse con honradez y sin ningún despilfarro, sino también con eficaz aplicación al bienestar y progreso de la sociedad.
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Sin embargo, no debemos confundir austeridad con tacañería. El dinero que se tiene no es para atesorarlo con alma de usurero, sino para usarlo con prudencia y buen tino, sin alardes ni exageraciones y en beneficio de quien lo tiene, de su familia, y a ser posible, de la sociedad en la que se vive. No tiene sentido acumular recursos sin emplearlos en lo que sea necesario, aunque sin descuidar, el ahorro en previsión del futuro.
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A qué llamamos austeridad

El verdadero sentido de la palabra austeridad sólo se conoce cuando se enlaza con la modestia. Lo modesto es rehusar lo innecesario, desde el momento en que lo innecesario nada significa. Se es naturalmente modesto, mas no por renuncia, sino por predisposición natural, por ideales o por instinto. De igual forma se es igualmente austero: se rehusa el lujo porque el lujo nada significa por sí, aunque, sin rechazar lo necesario. Sería absurdo que, en nombre de la austeridad, un mendigo renunciara al dinero. En su verdadero sentido se llama, pues, austeridad a la modestia o predisposición a rehusar lo innecesario. Que los mendigos o que los necesitados en general prediquen austeridad resultaría pues, absurdo.

La cuestión está en vivir con la mayor dignidad, como corresponde al ser humano, y al mismo tiempo, poder ayudar a otras personas. Por ello, lo conveniente es introducir en nuestras vidas, como compromiso social, un principio de austeridad, o lo que es lo mismo: moderarnos en el consumo y uso de cosas y práctica de actitudes que no son de estricta necesidad para vivir.
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Resistirnos al consumismo significa vivir un estilo y sentido de la vida diferente. Para ello necesitamos discernir qué necesitamos de verdad y de qué podemos prescindir. Liberados de los objetos que nos ahogan, seremos más libres y nos encontraremos más a nosotros mismos y a los demás.

¿Cuál es el límite de la moderación?

Quien consume indiscriminadamente, sin ton ni son aquello que beneficiaría a los necesitados, se convierte en un ser insolidario, egoísta; en un ser pasivo y vacío que está en la vida para acaparar y usar. Por el contrario, quien modera sus ansias de consumir, vive con austeridad y no lo hace por mortificación, sino porque prefiere tener más tiempo para sí y los demás.

Uno de los ejemplos más claros que denotan falta de austeridad se da con los hijos. Desde que nacen nos esforzamos en mimarlos en exceso, partiendo del principio de que ellos han de tener todo lo que nosotros no pudimos alcanzar. Nos volcamos en facilitarles todo cuanto se les antoja. De esta forma consiguen ropa de marca, juegos, ordenador, moto, coche, etc. Les acostumbramos a vivir sin carecer de nada y a conseguirlo todo sin esfuerzo. Los niños así educados no sabrán hacer frente a sus obligaciones, no comprenderán el valor del esfuerzo y lo darán todo por hecho. No generarán el necesario sentido de la responsabilidad. En lugar de responder con entereza a las dificultades que suele plantear la vida, se convertirán en personas víctimas de la frustración si no obtienen lo que quieren y además, fácilmente. Así se llega a conformar una sociedad insolidaria y falta de valores por individualista y egoísta.

Un nuevo enfoque

Un primer paso para desembarazarnos de este autoimpuesto y autoasumido estilo de vida occidental, en el que al consumo compulsivo se le denomina “nivel de vida” y a la posibilidad de conseguirlo se le llama “bienestar”, pasa por ser conscientes de las cosas que tenemos y de las que podríamos prescindir sin que nos pasara absolutamente nada. Bueno sí, tendríamos más tiempo para nosotros y para estar con los demás. Seguro que llegamos a la conclusión de que podemos vivir con mucho menos, prescindiendo de muchas cosas superfluas. Por supuesto, sin llegar al extremo contrario que es el ascetismo, como doctrina moral que se basa en la oposición sistemática al cumplimiento de necesidades en algunos casos básicas –comer- por considerarlas de orden inferior, apegadas al cuerpo y frente a la supremacía del alma. Pero en cambio, sí podemos tener como guía la frugalidad entendida como la adquisición de bienes y servicios de manera comedida. Comprar y usar lo que necesitemos y con finalidad a largo plazo. Una forma es reducir lo superfluo o frenar hábitos costosos; buscar la eficiencia o evitar las opciones más caras por la sola razón de la imagen o el nombre comercial. La filosofía sería vivir más con menos y ayudar siempre a los que más necesitan.

Como dice la sabiduría popular: "No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita".
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En consecuencia, para ser más felices, seamos más austeros.

viernes, 15 de mayo de 2009

Carisma

La palabra o vocablo carisma proviene del griego χάρισμα /jarisma/, "presente" o "regalo divino". Carisma es la cualidad de ciertas personas para motivar y atraer la atención, adhesión y admiración de otras con facilidad y gracias al magnetismo de su personalidad.

Las personas con carisma son vistas distintas o ejemplares por los demás y por eso, a ser tratadas como líderes. Las personas carismáticas tienen la habilidad de captar la atención de los demás; la gente piensa bien de ellos y trata de imitarlos. Inspiran confianza y buenos sentimientos. Son entusiastas, extrovertidos y gozan de habilidad para escuchar al otro. Las personas carismáticas muestran mas variaciones en el tono de voz, son más proclives a sonreír y a establecer contacto visual, y tienden, consciente o inconscientemente, a contagiarle sus gestos a su interlocutor, en quien se concentran, generando una intensa conexión emocional. Irradian energía, magnetismo. Cuando nos encontramos en presencia de alguien carismático, generalmente queremos compartir tiempo con esa persona por un deseo inconsciente: su presencia llama la atención. Quien tiene carisma, es seguro de si mismo y es audaz. Las personalidades carismáticas disponen de poder social, es decir, tienen autoridad para socializar su pensamiento y su conducta individuales.

Los líderes carismáticos destilan ideas complejas en mensajes sencillos. Se comunican usando símbolos, analogías, metáforas e historias. Destilan cierta tendencia al riesgo y son optimistas y rebeldes. Luchan contra lo convencional o establecido y en ocasiones, pueden llegar a parecer algo excéntricos. Pero al tiempo inspiran confianza en los demás, fe y creencia. No obstante, poseer carisma no significa por ello ser "buena persona", ya que muchos dictadores y déspotas crueles y sanguinarios a través de la historia han sido carismáticos. Por tanto, el carisma no garantiza que su misión sea correcta, ética o exitosa.

Cuando se le pregunta a la gente qué es ser carismático desde un punto de vista político, habitualmente lo identifican con un líder que "tiene personalidad" o "magnetismo".

Las personas carismáticas se encuentran en las actividades públicas o de relaciones humanas. Son dirigentes políticos, sociales, militares y empresariales, vendedores, artistas, estrellas del espectáculo o periodistas. Sin embargo, es bueno destacar que no todos los líderes son carismáticos ni toda persona carismática es un líder.

Hay quienes creen que se nace con carisma. Otros, defienden la tesis de que el carisma se aprende como toda habilidad. En realidad existe cierto componente genético, pero influye la predisposición mental y psicológica y puede darse aprendizaje social para desarrollar la condición carismática. También el carisma depende de los demás. Una persona puede ser carismática para algún grupo de la sociedad y no serlo para otro sector de la misma sociedad.

Para personas consagradas a una causa, el carisma es una fuerza interna. No importa si se es pequeño de estatura, poco atractivo o agraciado, la vestimenta o la elocuencia. Así por ejemplo podemos citar como grandes ejemplos de personalidades carismáticas a la Madre Teresa de Calcuta o Mahatma Ghandi que no destacaron por ninguno de esos rasgos sino precisamente por todo lo contrario.
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Cómo desarrollar carisma

Tener carisma es canalizar tus energías en la gente. Si lo que transmites es estrés y ansiedad, la gente te rechazará. Si transmites tranquilidad y buena disposición, la gente se sentirá atraída por tu forma de actuar y querrán ser más como tú eres.

Para irradiar carisma hay que ser igual que cualquiera. Sin importar a quién le estés hablando, trata a la gente como merece. Respétales como iguales a ti y espera que ellos te acepten como tú eres.

Ciertos estudios han demostrado que la gente que es generalmente llamada carismática siente las emociones con mayor intensidad y además, tiene la capacidad para involucrar a los demás en su forma de sentir. Irónicamente, en muchas sociedades, la supresión de las emociones es algo recomendable. Es un error. No debemos sentir temor a mostrar ira, dolor, tristeza o euforia. Por tanto, no temas comunicar tus sentimientos. El carisma va precisamente en sentido contrario: muestra tus emociones y empatiza con las de los demás.

Una característica de la gente carismática es la habilidad para utilizar el lenguaje corporal cuando se comunican. La gesticulación es muy importante porque ratifica el lenguaje verbal.

Haz que cada persona que conozcas se siente importante sin importar tu primera impresión o la reputación que pueda tener esa persona. Si haces que la gente se sienta bien consigo misma, se encontrarán bien contigo y eso contribuirá a favorecer tu carisma ante ellos. El carisma debe venir del interior de uno mismo y reflejar lo que llevamos dentro.

Ten algo que decir: un mensaje. No tengas miedo a ser controvertido, a forzar en ocasiones, los límites. Si realmente crees en algo o tienes certeza de lo que sientes, comunícalo, siempre de manera respetuosa. Házlo. Con carisma la gente aceptará mejor tus ideas.

La gente se siente atraída por las personas que se encuentran a gusto en su piel. Si la gente percibe que estás esforzandote por impresionarla, se pondrá en guardia y harás que se pregunten qué es lo que intentas ocultar o compensar. Por eso, enorgullécete de lo que eres. Eres una persona única, y los demás sentirán atracción por aquello que te hace único. Cuanto más cómodo te sientas contigo mismo, más atractivo resultarás a los demás. La clave del carisma resida en este consejo: mantente fiel a tu personalidad y a tus creencias. Se tú mismo. Despertarás una mayor atracción en los demás cuando decidas no impresionar a nadie más que a ti mismo. Y recuerda: no se puede gustar a todo el mundo siempre, y desde luego, no hay razón para aspirar a lograrlo.

Asegúrate de mantener el ego a raya. Sé discreto acerca de tus talentos. Desvélalos sólo cuando sea apropiado. Causarás más impresión en la gente si ésta descubre por sí sola lo que eres capaz de hacer. Se preguntará qué otras habilidades secretas posees, y querrá conocerte mejor.

Tu reputación consiste en una mezcla de rasgos contrastados y de rasgos imaginarios. Mostrar las habilidades y luego retirarse. No hay que excederse, los demás se sentirán más atraídos ante tu talento si ven que tu actitud al respecto es de humildad.

Y para acabar, como siempre, una frase que contiene la esencia del tema tratado:

"¿Cómo puedes tener carisma? Preocúpate más en hacer que otros se sientan bien consigo mismo que hacerlos sentir bien contigo." (Dan Reiland).


viernes, 1 de mayo de 2009

Liderazgo

El liderazgo ha sido definido como la "actividad de influenciar a la gente para que se empeñe voluntariamente en el logro de los objetivos del grupo". Por tanto, el liderazgo es el proceso de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes. Liderazgo es la capacidad para tomar la iniciativa, gestionar, convocar, promover, incentivar, motivar y evaluar a un grupo. El liderazgo implica a una persona, el lider que influye y motiva a los demás, los seguidores. Por eso el lider debe gozar de influencia y persuasión: carisma para incidir en el actuar de un grupo de individuos, quienes siguen las decisiones del lider, siendo capaz de inspirar y asociar a otros con una idea. Lo único que puede distinguir a un líder es que tenga seguidores: sin seguidores no hay líder.

La regla de oro en el liderazgo: no pongas a las personas en tu lugar: ponte tú en el lugar de las personas. Por tanto, trata a tus congéneres igual que quisieras ser tratado.

Tipos de lideres

- Líder liberal: el líder delega la autoridad para tomar decisiones.

- Líder proactivo: promueve el desarrollo del potencial de las personas.

El líder debe tener ciertas capacidades: transmitir seguridad; habilidad de comunicación, capacidad organizativa y eficiencia. Un buen líder es una persona responsable, comunicativa y organizada.

La definición de liderazgo citada al principio contiene una palabra clave: "voluntariamente”. No se trata sólo de influir en la gente, sino de hacerlo para que voluntariamente se empeñe en los objetivos que correspondan. Por lo tanto, se excluye la coerción.

Liderazgo y motivación son dos caras de una misma moneda, en donde la primera mira al líder y la segunda a sus seguidores; por lo tanto, liderar es provocar motivación.

Los líderes tienden a ser más brillantes, tienen mejor criterio, interactúan más, trabajan bien bajo presión, toman decisiones más rápidamente y se sienten seguros de sí mismos.

El líder es el resultado de las necesidades de un grupo. Un grupo tiende a actuar o hablar a través de uno de sus miembros. La necesidad de un líder es evidente y real, y ésta aumenta conforme los objetivos del grupo son más complejos y amplios. Por ello, para organizarse y actuar como una unidad, los miembros de un grupo eligen a un líder. Este individuo es un instrumento del grupo para lograr sus metas. Las habilidades personales del lider son valoradas en la medida que son útiles al grupo.

El líder no lo es por su capacidad o habilidad en sí mismas, sino porque estas características son percibidas por el grupo como necesarias y las mejores para lograr el objetivo del equipo.

El líder se diferencia de los demás miembros del grupo por ejercer mayor influencia en las actividades y en la organización de aquél. El líder adquiere status al lograr que el grupo o la comunidad logren sus metas. El líder distribuye poder, protagonismo y responsabilidad entre los miembros de su grupo. Esta distribución juega un papel importante en la toma de decisiones y, por lo tanto, también en el apoyo que el grupo le otorga. En síntesis, el líder es un producto no de sus características, sino de sus relaciones funcionales con individuos específicos en una situación concreta.

El liderazgo no depende de los rasgos individuales sino de la interrelación de la personalidad con el resto: el lider tiene que conocer bien a sus seguidores y saber cómo tratarlos. Esto implica comprensión de las necesidades y motivaciones humanas, y capacidad perceptiva para analizar al individuo. Debe orientar el rumbo del liderazgo mediante el incentivo: motivar al subordinado para que ejecute una tarea con una calidad superior; ejecutar sus actos sólo mediante la administración o la coordinación de los actos ajenos; saber presionar entre el deseo de complacer a sus superiores y pares, y el de complacer a sus subordinados. Con percepción social y comprensión de la conducta humana, logrará sarisfacer a los de arriba y a los de abajo.

El líder debe motivar al adepto que forma parte de su equipo, con el fin de que contribuya a la realización de la tarea. La motivación exige que el líder valore tres aspectos: el individuo; el grupo y el individuo y su relación e influencia en el grupo.

El lider genera el entusiasmo que motiva el rendimiento. Los líderes deben saber elegir el momento oportuno; su estilo y aptitudes deben adecuarse a las necesidades del grupo. Existen los denominados líderes audaces creadores. Son aquellos que poseen la pasión y el genio para hacer realidad los sueños que otros creen inalcanzables. Sin embargo, no todas las personas audaces son líderes.

Características de todos los líderes

1. Dedicación: los líderes estratégicos están comprometidos. Los líderes estratégicos reconocen la diferencia entre los medios y el fin.

2. Pasión: Los líderes deben amar la organización y sus objetivos. Pasión e impulso estratégico en crear algo que creen que es único. Expresan claramente sus metas y están apasionadamente comprometidos con hacerlas realidad.

3. Credibilidad: los líderes hacen lo que dicen. La coherencia entre palabras y acciones es esencial: honestidad. Si las circunstancias determinan la realización de cambios, un líder debe estar dispuesto a explicar el motivo y ser capaz de hacerlo. Si no se obtienen los resultados prometidos, un líder debe ser capaz de admitir errores o defectos.

Los líderes estratégicos no sólo dicen lo que la gente quiere oír. No solamente son creíbles, sino previsibles. No hacen promesas irreales ni generan expectativas inalcanzables. Cuando los cambios se hacen necesarios, los líderes los discuten con su equipo. La comunicación en equipo es uno de los rasgos fundamentales de los líderes estratégicos.

4. Aptitudes extraordinarias: ser el mejor en algún aspecto clave y ser capaz de convertir esta cualidad en algo realmente diferente: resuelven problemas de manera singular. Este talento especial es el motor estratégico que posibilita al líder obtener y conservar una ventaja competitiva y, a veces, hasta "injusta". Él puede porque es el líder.

5. Aptitud para establecer un plan estratégico exitoso: la pasión o impulso es inútil si el líder no tiene un plan estratégico claro, comprensible y realista que comunica y hace conocer al equipo hacia donde se dirige. El lider describe a grandes rasgos las expectativas para todas las personas que trabajan en el proyecto. El plan indica al equipo cómo tener éxito -especificando lo que cada miembro del grupo tiene que realizar para triunfar- y explica cómo cada cual encaja dentro de la visión, rumbo y estrategia global del proyecto.

Los líderes son parte de la acción y comparten los riesgos y recompensas de la puesta en marcha del plan estratégico que han creado. Asumen tanto la responsabilidad de los fracasos como de los éxitos. No pueden describir cada actividad del proyecto; sin embargo, deben describir las acciones clave para lograr el éxito, así como de qué manera y en qué momento deben ser ejecutadas.

6. Flexibilidad y disposición para dejar el poder: el líder estratégico comprende que la empresa debe prever y responder con rapidez y decisión a los cambios. Por consiguiente, el plan estratégico y el motor estratégico también deben evolucionar con el transcurso del tiempo. Para tener éxito, los líderes deben mantenerse flexibles. El desafío más grande para la flexibilidad de visión y acción de un líder es saber cuándo debe dejar ese rol a un sucesor y tener la capacidad de hacerlo.

7. Aptitud para formar y conservar el equipo adecuado: Sin un equipo, el líder no puede liderar: sin el equipo adecuado, un líder no puede conducir de forma efectiva.

8. Los líderes deben tener la capacidad de identificar los distintos tipos de personas que necesitan: deberá especificar qué cualidades requieren los miembros de su equipo. Los integrantes del equipo deben ser capaces de fomentar relaciones duraderas y no solamente "hacer lo que se les pide". Una vez que tiene un equipo, el líder debe ser capaz de motivarlo adecuadamente. Algunos equipos requerirán gratificaciones y recompensas inmediatas; algunos necesitarán seguridad y otros responderán positivamente si tienen pleno control sobre lo que hacen y cómo lo hacen. El líder debe tener la capacidad de conservar el personal clave durante el período que dura el proyecto.

Los líderes consolidados comienzan a creer que son infalibles y omnipotentes. Atribuyen el éxito de la organización a su propio talento e ignoran los aportes del equipo. Esta actitud es una invitación al fracaso.

Y para acabar unas frases:

"El liderazgo es la capacidad de transformar la visión en realidad". (Warren Bennis).

"El liderazgo es la fortaleza de las propias convicciones, la capacidad de soportar los golpes, y la energía para promover una idea". (Benazir Bhutto).

"El liderazgo es el arte de conseguir que otra persona haga algo que quieres hacer porque quiere hacerlo". (Dwight Eisenhower).

domingo, 19 de abril de 2009

El bambú: paciencia y perseverancia

“Hay algo muy curioso que sucede
con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada visible con la semilla durante los primeros siete años, hasta tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece… ¡más de 30 metros!
¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No; la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, ese bambú estaba generando, silenciosamente, un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.”
El bambú es un claro ejemplo de paciencia y perseverancia en la naturaleza.
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Tenemos que aprender del bambú. Tendemos con demasiada frecuencia a querer obtener rápida respuesta y solución a las situaciones y dificultades de nuestra vida cotidiana. Todo en la vida requiere de un tiempo de maduración y hemos de ser conscientes de que todo tiene su momento y conlleva su tiempo. La consecución de nuestros objetivos es siempre resultado del crecimiento interno y de la toma de consciencia de nuestras capacidades y de nuestras limitaciones. Nuestras capacidades para saber qué objetivos realistas podemos fijarnos. Y nuestras limitaciones para, siendo conscientes, removerlas y superarlas de modo que no nos impidan avanzar. Y todo eso, requiere tiempo.

Por ello, los impacientes y los ambiciosos sin realismo, todos aquellos que aspiran a todo y además lo quieren rápido, pronto sucumben y abandonan a las primeras de cambio. Otros, tardan un poco más, pero justo antes de conseguirlo, desfallecen porque les ha faltado el empujón final. Por eso, es importante la perseverancia, la ilusión y la fortaleza para llegar hasta el final. Nadie dice que sea fácil. Sin embargo, siempre es mejor haberlo intentado de forma coherente y esperando el momento adecuado –haz lo mejor que puedas según las circunstancias- que no hacerlo o abandonar cuando aparecen las primeras dificultades, quedándote instalado en el desánimo y la frustración.

También es necesario entender que, en muchas ocasiones, nos veremos en situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Eso puede ser extremadamente
frustrante. Sin embargo, acordémonos entonces del proceso de crecimiento del bambú. Es una maravillosa metáfora natural que nos ayudará a entender la esencia de algunos procesos de la vida.
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Aunque el resultado final no pueda ser alcanzado, no importa. Se ha producido uno más sutil pero a la vez muy poderoso: en el proceso nosotros habremos madurado y crecido porque también durante el “camino” se aprende. Las dificultades y el sufrimiento templan el espíritu y nos hacen mejores pues nos ayudan a comprender y entender el esfuerzo y el sacrificio de los demás. Nos transforman.

Los resultados requieren de un proceso que necesita perseverancia y paciencia.

Tenemos que aprender a rectificar sobre la marcha y saber adaptarnos a las nuevas situaciones que aparecen a lo largo del “camino”. Aprender qué nos ayuda a acercarnos al resultado y qué nos aleja para descartarlo.

Y si al final no fuera posible obtener lo que deseamos, sólo nos queda un remedio: saber aceptar con humildad, pensando que aquello no estaba para nosotros y dando gracias por todo lo que hemos comprendido y aprendido durante el intento.

Sin reproches y en paz con nosotros mismos y los demás.

Aprender a oscilar cuando la tierra tiembla. Saber doblarnos sin rompernos.

La sabiduría del bambú es profunda.


lunes, 30 de marzo de 2009

Perseverancia

La perseverancia es la actitud por la cual nos mantenemos constantes en la prosecución de un fin. Es querer algo que uno se autopropone. Comienza con una decisión que se mantiene firme hasta alcanzar la meta. Por eso la perseverancia es crucial para el éxito y un rasgo de carácter esencial para la progresión del ser humano. Muchas cosas buenas en nuestra vida se pierden por titubeos, dudas, vacilaciones y falta de determinación. En definitiva, por ausencia de perseverancia. La fábula de Esopo sobre la tortuga y la liebre nos lo enseña: las carreras se ganan con perseverancia y por encima, en ocasiones, de otras cualidades. La perseverancia es una fuerza irresistible que supera y derroca a otras cualidades. El tiempo es amigo y asistente de quienes usan su buen hacer para aguardar su oportunidad, y enemigo destructivo de quienes avanzan a tientas y a locas. Sin embargo, la persistencia y la perseverancia no pueden actuar aisladas de la inteligencia práctica. Una persona que es sólo persistente puede ser un fastidio irritante, si su insistencia y persevereancia no están bien razonadas. Usando el discernimiento, la perseverancia es un ingrediente esencial en el progreso humano. Por eso es muy importante enseñar a perseverar a los niños e insistirles en el esfuerzo de perfeccionarse a sí mismos. Apoyarles en todo momento, siendo su guía y su aliento por medio del ejemplo. Cuando el camino que recorres parece cuesta arriba, descansa si debes, pero nunca cejes. Recuerda que un fracaso puede ser un triunfo si uno persiste en vez de claudicar. Por eso algunos sostienen que “justo antes de amanecer es cuando más oscuro está”, lo cual anima a no caer en el desánimo. Cuando Thomas Alva Edison (1847-1931) inventó la bombilla, no lo logró fácilmente, sino que llevó a cabo más de 500 prototipos, hasta el punto de que uno de sus colaboradores le preguntó si no se desanimaba ante tantos fracasos. Edison respondió: "¿fracasos? No sé de qué me hablas. En cada uno de los intentos descubrí un motivo por el cual la bombilla no funcionaba. Ahora ya sé casi quinientas maneras de no hacer una bombilla".

Por tanto, la perseverancia es un esfuerzo continuo. Es un valor fundamental en la vida para obtener el resultado querido. Siempre es gratificante iniciar un proyecto porque a través de él existe una gran ilusión, sueños y esperanzas. Las exigencias podrán ser agotadoras. Es precisamente entonces cuando necesitamos tener la perseverancia bien asimilada para no resultar derrotados y tener la satisfacción de luchar alcanzar lo que nos propusimos.

La perseverancia es hermana de la fortaleza y juntas nos ayudan a no dejarnos llevar por lo fácil y lo cómodo. Muchas veces no conocemos realmente nuestras capacidades hasta que nos enfrentamos a dificultades. Sin embargo, las metas que emprendamos, deben ser realistas y estar acompañadas de los medios que vamos a utilizar para conseguirlas. Esas herramientas son nuestras habilidades, posibilidades y conocimientos, y pensar cómo aplicarlas. Por eso, la perseverancia bien aplicada requiere sentido común y saber que, tal vez, no lo logremos de inmediato. Pero lo importante es volverlo a intentar, porque la perseverancia brinda estabilidad, confianza y es un signo de que estamos madurando o tomando conciencia de nuestra responsabilidad ante las cosas. Necesitamos estar preparados para enfrentar los retos del mundo actual, con un compromiso pleno y decidido para cumplir nuestra vocación con entrega y espíritu de servicio.

Decálogo para desarrollar perseverancia

1. La perseverancia comienza con un conocimiento realista de uno mismo: fortalezas y debilidades.

2. Tenemos que ser constantes en nuestras actividades, prever los obstáculos y ser firmes en las dificultades.

3. Enfrentar los retos sin miedo.

4. Aprender a valernos por nosotros mismos.

5. Ser conscientes de que nadie puede responder por nosotros.

6. Pensar positivamente: “El que persevera alcanza”; “La fuerza de voluntad se adquiere por repetición de actos que requieren esfuerzo”; “La perseverancia desarrolla todas las virtudes”.

7. No hay calidad personal sin esfuerzo para vencer los obstáculos.

8. La perseverancia es una señal de seguridad.

9. No confundir la perseverancia con la rutina.

10. Lo más importante en esta vida no es darnos cuenta de que tenemos problemas, sino cómo hacer para superarlos.

Si por ejemplo una persona abandona un trabajo porque su jefe no le gusta; si deja a su pareja porque "no es perfecta", entonces todo apunta a que es una persona sin perseverancia que se rinde a las primeras de cambio. A la larga tendrá un sentimiento: el de haber sido vencido y no haber luchado por algo que, posiblemente, valía la pena.

El combustible para que la perseverancia pueda moverse largamente es el de la visión a largo plazo y la profundidad. Los seres humanos somos hedonistas por naturaleza, es decir, preferimos el bien y el placer inmediatos. Esa falta de visión provoca que hagamos cosas para obtener satisfacción inmediata. Con la peseverancia, conseguimos no dejarnos llevar por lo fácil y lo cómodo, a cambio de obtener algo más grande y mejor en el futuro. Si vemos la vida con superficialidad, entonces, nos dejaremos llevar por las satisfacciones rápidas.

La dificultad con los propósitos es que siempre decimos el "qué" pero nunca el "cómo". Por otro lado, a veces no conocemos a fondo nuestras capacidades -o falta de ellas- para poder establecer objetivos que realmente podamos alcanzar. A veces nos olvidamos de la sabiduría popular, pero no sería mala idea reflexionar solo un momento sobre el viejo refrán: “el que la sigue la consigue”. La perseverancia brinda estabilidad, confianza y es un signo de madurez.
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Unas cuantas frases de interés que nos ayudan a entender mejor qué es perseverancia:

“Si te caes siete veces, levántate ocho”. (proverbio chino).

“Nuestra mayor gloria no está en no haber caído nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”. (Olivere Goldsmith).

“Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos”. (Thomas Carlyle).

“Siempre he creido que no importa cuantos disparos falle... Acertaré en el siguiente”. (Jonathan Swift).

“La vida no es fácil para ninguno de nosotros. ¿Pero qué hay con eso? Tenemos que tener perseverancia y, sobre todo, confianza en nosotros mismos”. (Marie Curie).

viernes, 20 de marzo de 2009

Paciencia

La palabra paciencia tiene por raíz latina "pati" que significa sufrir. De hecho el participio "patiens" se introdujo al castellano como paciente “el que sufre.” Por tanto, la palabra misma nos recuerda que la paciencia implica sufrimiento. Sin embargo es un sufrimiento digno con el que se espera una recompensa: la que nos vendrá con el transcurso del tiempo que cambia las cosas, con la perseverancia, o con la actividad correcta en los momentos adecuados.

Por tanto, la paciencia es la aptitud que nos permite soportar los contratiempos y dificultades. Es la actitud valerosa que nos permite hacer frente a las situaciones adversas sin dejarse superar por ellas. Por eso, la paciencia es una aptitud que debe revelarse precisamente cuando sufrimos situaciones difíciles.

En la tradición cristiana, la paciencia es la perseverancia en la esperanza de que Dios nos ayudará a superar el mal. Su opuesto es la ira.

Es importante considerar que ser paciente no sólo consiste en esperar a que cambien las cosas por sí solas. Paciencia es la cualidad de tolerar o soportar dolor o dificultades sin quejas pero con actitud positiva y luchadora. Por tanto, paciencia integra tres estadios: 1) paso del tiempo; 2) perseverancia para obtener lo que se desea; 3) actitud adecuada en el momento correcto.

En el estadio de paso del tiempo hay que sacar ventaja de ese aparente “tiempo muerto”. No podemos quedarnos ensimismados por aquello que nos ha pasado o “golpeado”. Tenemos que ser conscientes de que el “dolor” irá remitiendo y cuando éste desaparezca, estaremos en mejores condiciones para superar la dificultad. Por tanto, paciencia no es pasividad ante el sufrimiento, no reaccionar o un simple aguantarse: es fortaleza para aceptar con serenidad el dolor y las pruebas a las que la vida nos somete para nuestro contínuo crecimiento.

En lo referente a la paciencia en su estadio de perseverancia, consiste en saber aceptar las situaciones o cosas negativas que nos ocurren pero sin rendirnos. Para ello es fundamental perseguir aquello que deseamos hasta conseguirlo, sin desfallecer y sin sucumbir al desaliento. Haciendo siempre lo máximo que esté en nuestra mano, según las circunstancias.

La paciencia como actividad correcta en el momento adecuado. Cuando “tenemos el tiempo encima” tendemos a desesperarnos, nos irritamos, gritamos y generamos un caos peor sin lograr resultado alguno. Este también es un momento para la paciencia. Nuevamente no se trata de esperar una solución “divina” -si bien podemos orar y pedir ayuda si somos creyentes- pero lo cierto es que también tenemos que enfrentar el problema. Tenemos que sabe pedir ayuda para trabajar en la consecución de la solución.

La vida diaría está llena de prisa y a menudo somos incapaces de disfrutar el presente. Para ello también es necesario paciencia, lo que nos ayudará a vivir mejor: 1) disfrutando las cosas y 2) viendo con claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos.

La paciencia es parte de la virtud de la fortaleza, que nos permite mantener la fidelidad en medio de las persecuciones y pruebas, y es el fundamento de la grandeza de ánimo y de la alegría de quien está seguro de hacer lo que le dicta su propia conciencia.

La paciencia es un rasgo de personalidad madura. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas cambien a mejor pues, muchas veces, aquellas cosas que no dependen estrictamente de nosotros, hay que saber darles tiempo.

La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías, triunfos y fracasos del día a día y, por medio de ella, afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y armoniosa.

Es necesario tener paciencia con todo el mundo, incluidos nosotros mismos. Con lo demás es fundamental para lograr mantener buena relaciones sociales. Hay que contar con los defectos de las personas que tratamos –muchas veces están luchando con empeño por superarlos- quizá con su mal genio, con sus faltas de educación y sus suspicacias... que, sobre todo, cuando se repiten con frecuencia, podrían hacernos perder nuestro interés en ayudarlos. El discernimiento y la reflexión nos ayudarán a ser pacientes, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno. Esperar un tiempo, sonreír, ser pacientes en definitiva, puede ayudarnos a ayudar a esas personas.

Paciencia con aquellos acontecimientos que llegan y que nos son contrarios: la enfermedad, la pobreza, los diversos inconvenientes que se presentan cotidianamente: los atascos de tráfico, los olvidos, la visita que se presenta en el momento más inoportuno. Son adversidades, quizá no muy trascendentales, que nos llevarían a reaccionar con irritabilidad e impaciencia. En esos pequeños sucesos también ha de aplicarse paciencia, pues aun siendo menores, son también más frecuentes.

Y para acabar un par de frases:

“La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte”. (Inmanuel Kant).

“La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”. (Jean Jacques Rousseau).

domingo, 8 de marzo de 2009

Los 4 Acuerdos Toltecas

En el sur de México, hace miles de años vivió un pueblo: los toltecas. Los antropólogos han definido a los toltecas como una nación o raza, pero en realidad, fueron un pueblo de artistas y científicos dedicados al estudio y preservación del conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados. Por eso algunos definen a los toltecas como un pueblo de “mujeres y hombres de conocimiento”.

Los toltecas vivían a las afueras de México en la ciudad de Teotihuacan –que significa lugar en el que el hombre se convierte en Dios- y formaron una comunidad de conocimiento integrada por maestros y estudiantes. Los maestros recibían el nombre de naguales.

Durante milenios, los maestros naguales se vieron forzados a esconder su sabiduría ancestral y a mantener su existencia en secreto. Afortunadamente, el conocimiento esotérico tolteca fue conservado y transmitido de una generación a otra por distintos linajes de naguales hasta llegar a nuestros días. Gracias a ello, hoy podemos conocer y aprovechar las poderosas enseñanzas de los toltecas.

El conocimiento de los toltecas toma como base –al igual que la mayoría de las tradiciones esotéricas del mundo- la unidad esencial de la verdad. Los toltecas no crearon ninguna religión propiamente dicha, aunque se muestran respetuosos con todos los maestros espirituales.

El conocimiento tolteca nos habla del espíritu pero va más allá, pues nos invita a practicar una determinada forma de pensar y actuar. Sus consejos fáciles de practicar en apariencia, tienen un efecto poderosísimo para transformar nuestra realidad y de esa manera, nuestra vida. A través de ellos se nos garantiza el poder transitar con mayor facilidad por el amor y la felicidad.

El conocimiento tolteca se basa en 4 Acuerdos que son los siguientes:

1. Se impecable con tus palabras

Para los toltecas es muy importante lo que decimos. Ellos distinguen entre las buenas palabras y las malas palabras. Las malas palabras son semillas de odio. Las buenas palabras son semillas de amor. Con las palabras hacemos “magia” y es por ello que nos invitan a ser “magos blancos” utilizando bien nuestras palabras para: crear, compartir, dar y amar.

Por el contrario, si empleamos mal las palabras, seremos “magos negros” y de esa manera no haremos sino enviar “veneno emocional” a todos aquellos a los que las dirijamos: culparemos, reprocharemos, mentiremos, destruiremos, expresaremos rabia, celos y envidia. Con malas palabras sembramos vientos y en consecuencia, a la postre, sólo podremos cosechar malos frutos y tempestades.

El término impecable significa actuar “sin pecado”. Es decir, emplear la fuerza y la energía de las palabras hacia los demás atentos para no causarles daño u ofensa. Tenemos que hacer lo posible por emplear las palabras en la buena dirección: la del perdón, la verdad y el amor.

Por eso el consejo es: utiliza tus palabras siempre correctamente: para compartir amor y hacer bien a todos. Las palabras, según las emplees, te liberarán o te esclavizarán. Si no has de decir algún bueno, mejor no lo digas. Porque como bien dice el adagio: “Somos dueños de nuestras silencios y esclavos de nuestras palabras”. (Véase la práctica del silencio por el Taoismo).

2. No te tomes nada personalmente

Nos dicen los toltecas que cuando tomamos las cosas personalmente estamos aceptando de esa manera el “veneno emocional” que nos envían los demás. Al considerar “personal” lo que el otro nos dice, estamos tragando ese veneno y, sólo entonces, es cuando nos hace daño.

La pregunta es ¿y por qué nos tomamos las cosas personalmente? Nos tomamos las cosas de forma personal por nuestro ego. Y, ¿qué es el ego? El ego es “la importancia personal” que te das a ti mismo. Tener ego es pensar que tú eres lo más importante del mundo; considerar que todo gira a tu alrededor, que tú mereces algo diferente a los demás, que eres distinto y mejor.

Cuanto más ego tienes, más personal te tomas lo que los demás dicen u opinan sobre ti.

Sin embargo, debes considerar que lo que otras personas dicen, lo que hacen, lo que piensan y las opiniones que expresan sobre ti, es sólo una proyección de la realidad de sus mentes. Nada de lo que piensan o hacen los otros está causado en realidad por ti. Su punto de vista, su forma de ver el mundo y su actitud frente a ti sólo surgen de sus creencias. Todo es fruto de la “programación” que recibieron durante su educación, a la que los toltecas llaman “domesticación”. El mundo es lo que ellos creen que es. Y algunos tienen una visión muy distorsionada porque están profundamente dormidos.

Si no te tomas nada personal, serás inmune a las acciones y opiniones de los demás, y entonces, te ahorrarás muchísimo sufrimiento.

3. No hagas suposiciones

En muchas ocasiones no hace falta que sean los demás los que digan, hagan u opinen sobre nosotros. A falta de eso somos nosotros mismos los que nos autogeneramos mucho “veneno emocional”. ¿Cómo lo hacemos? Mediante nuestros pensamientos generadores de suposiciones que, a fuerza de repetirnos, llegamos a creer verdaderas. Por eso, para evitarte ese veneno emocional, ¡no hagas suposiciones! ¿Para qué? ¡Evítalas! intentando averiguar la verdad. Es siempre mejor preguntar que hacer suposiciones. Con suposiciones sólo logramos construir grandísimos dramas. Al suponer, la mayoría de las veces, estás representándote una realidad equivocada o distorsionada y de esa manera tú mismo, sin intervención de nadie más te estás generando muchísimo sufrimiento.

Por tanto, ¡no des nada por supuesto! Si tienes dudas, ¡acláralas! Si sospechas, ¡pregunta! Expresa siempre lo que de verdad deseas y comunícate con los demás con la mayor claridad y sinceridad posibles. Suponer, te hace inventar historias sin fundamento que sólo te sirven para “envenenar” y “torturar” tu mente.

4. Haz siempre lo máximo que puedas

El último de los 4 acuerdos toltecas nos dice: “Haz siempre, según las circunstancias, lo máximo que esté en tu mano”. Por tanto, no te exijas siempre de la misma manera. No es posible que hagas o actúes igual cuando estás enfermo que cuando estás sano. No tienes la misma capacidad.

Si actúas siempre de la mejor manera posible y haces todo cuando esté en tu mano, obtendrás un efecto poderosísimo: nadie te podrá culpabilizar, juzgar y condenar. Ni tan siquiera tú mismo, pues tu conciencia estará tranquila: has hecho todo lo que podías según las circunstancias. Si has hecho lo máximo que podías, no caben los reproches.

Ahora bien, si haces las cosas porque te sientes obligado, por el qué dirán los demás, entonces no estás haciendo lo máximo que puedes de forma correcta. Lo máximo que puedas tienes que hacerlo siempre con libertad y por convicción. Si haces las cosas “porque tocan” o de manera forzada, es preferible que no las hagas.

Con la práctica de estos 4 acuerdos, los toltecas nos dicen que transformaremos nuestra vida permitiéndonos sentirnos más felices. Además, estos acuerdos tienen efectos muy poderosos para transformar nuestras realidad y que se incrementan a medida que los ponemos en práctica.

Para los toltecas, los hombres vivimos en un mundo de sueño. Los humanos no sabemos realmente quienes somos pues vivimos entre niebla y humo. El sueño de los humanos, esa niebla o humo, están conformados por todas las reglas de la sociedad: sus creencias; sus leyes; sus religiones; las diferencias culturales y las maneras de ser; los gobiernos; las enseñanzas; los prejuicios culturales; los acontecimientos sociales; sus celebraciones, etc. Estamos en definitiva “programados” para vivir, actuar e interpretar la realidad de una manera muy concreta. La que generación tras generación se ha ido programando en nuestra mente. Y esa manera, no es precisamente la más idónea para ser felices. Todo lo contrario, nos hacemos mucho daño a nosotros mismos, y también generamos mucho sufrimiento a los demás.

Por eso, debemos ser capaces de despertar de ese sueño y una de las maneras es poner en práctica a conciencia esos 4 acuerdos que tienen como elemento fundamental y común en todos ellos la práctica de la verdad.

¡Sigamos a los toltecas y despertemos aplicando sus Acuerdos!

(Este post ha sido elaborado a través de la información obtenida del libro del Dr. Miguel Ruiz que lleva por título los Cuatro Acuerdos).

domingo, 1 de marzo de 2009

Desapego

El pensamiento oriental en general suele coincidir en que la contención del deseo es esencial para evitar el sufrimiento y de esa manera, experimentar felicidad. Por contra la necesidad insatisfecha crea desasosiego y frustración. Sin embargo, una cosa son necesidades naturales o reales y otras aquellas que nos autoimponemos.

Sócrates, el más grande y virtuoso filósofo de la antigüedad, cuando paseaba por el mercado de Atenas y contemplaba los bazares repletos decía: "¡Qué rico soy, cuántas cosas hay que yo no preciso!". Los estoicos, con Séneca a la cabeza, dejaron dicho: "Se es pobre no por tener poco, sino por desear mucho". Por su parte los hedonistas de Epicuro reivindicaban la moderación en los deseos y defendían una idea muy similar: "Si quieres ser rico, no te afanes en aumentar tus bienes sino en disminuir tu codicia". (Ataraxia).

Esto nos lleva a considerar que hay ricos-pobres –los que jamás se conforman con lo que tienen- y hay pobres-ricos –los que aun no teniendo mucho, están satisfechos con lo que tienen.

Algunos psicoanalistas sostienen que la curación de algunas alteraciones sólo es posible cuando asumimos que somos seres limitados e incompletos. Todos, de una u otra manera, sufrimos carencias y debemos aprender a reconocerlas y a asumirlas. No podemos ser todo ni tampoco podemos tenerlo todo. El deseo es señal de una carencia, de un vacío. Cuando lo satisfacemos, la dicha nos dura muy poco y enseguida surge de nuevo otro deseo. Todo deseo satisfecho crea nuevos deseos. Los deseos irreales o inalcanzables son causa de profundo dolor y frustración; como lo es el deseo continuo de tener, alcanzar o conseguir cosas. En realidad, hay personas que son como pozos sin fondo que sólo por momentos parecen llenarse y rebozar. Sin embargo, su estar lleno es efímero. Pronto retorna la falta, la oquedad. Por eso hay que saber que no se trata de seguir rellenando inútilmente lo que no se puede rellenar, sino de renunciar a ese continuado relleno. En definitiva, en aceptar nuestra incompletud, sabiendo ver las cosas de la manera más positiva y optimista posible: el vaso medio vacío o medido lleno. La plenitud no está tanto en lograr lo que anhelas, sino en valorar aquellos de lo que dispones.

Hay 4 leyes básicas de la psicología transpersonal, que se han inspirado en ideas propias del budismo. Son las siguientes:

1.- Existe el sufrimiento, la decadencia, la impermanencia y la degradación.

2.- Se sufre por dos razones: Cuando uno tiene lo que no quiere y cuando uno no tiene lo que quiere o desea. El fundamento de las dos formas de sufrimiento es el apego.

3.- El camino de la libertad es el desapego, el desencadenamiento de la vida, de las cosas, de la personalidad y del ego. Cuando nos apegamos tenemos miedo de perder lo que tenemos o de no conseguir lo que queremos. Para Krishnamurti: “el apego corrompe”.

4.- El camino para lograr el desapego es el “camino medio”. Éste tiene que ver con la recta intención y el buen comportamiento, con la recta palabra y con practicar la meditación y la observación consciente de la realidad que nos rodea.

Según la psicología transpersonal, hasta los 35 años aproximadamente uno construye su ego -posición económica, trabajo, familia, etc.- “para ser alguien en la vida” o mejor dicho “parecer alguien en la vida”. Sin embargo, lo más esencial en cada uno de nosotros es transpersonal. Somos parte de una sabiduría divina o cósmica que está oculta detras de nuestro ego. El ego es una ilusión, una construcción que hacemos de nosotros mismos y la causa del sufrimiento. El desapego es justo lo contrario: la liberación del sufrimiento y con él, el tránsito por la felicidad. Por eso se dice que la construcción del ego es un camino de sufrimiento.

Para ser feliz es necesario parar el ego, parar los pensamientos y dejar que fluya la intuición que es la sabiduría que todos tenemos dentro. Para lograr esto ayuda mucho meditar sobre la verdadera importancia de las cosas, su trascendencia y en definitiva, si vale la pena luchar tanto en ocasiones para conseguir aquello que realmente no es tan importante para nuestra esencia verdadera, aunque sí para nuestro ego. Por eso tenemos que cambiar de “chip” mental y ver el mundo con otros ojos, de otra manera, con desapego de las cosas.

Las disciplinas orientales son más sabias y útiles para ese propósito pues nos muestran caminos para la liberación del sufrimiento psicológico innecesario; malestar que cuando es muy intenso, puede incluso llegar a generar enfermedades mentales. Por su parte, la mayoría de la psicología y psicoterapia occidentales van en sentido contrario. En lugar de enseñar a los individuos a liberarse, a fluir y aceptarse, lo que hacen es simplemente ayudarles a adaptarse a la sociedad fortaleciendo su personalidad. En definitiva, tienden a reafirmar el Yo de los individuos, su ego, en lugar de ayudarles a superarlo.

El desapego no es indiferencia

Algunos consideran que es difícil sentir amor y no experiementar apego a aquello que queremos. Tan es así que muchas veces hasta confundimos uno y otro.

Amor y apego no siempre deben ir de la mano. Los hemos entremezclado hasta tal punto, que ya casi los consideramos la misma cosa. Entendemos erróneamente el desapego como dureza de corazón, indiferencia o insensibilidad, y no es así. El desapego no es indiferencia por lo que ocurre, sino una manera sana de aceptar la realidad y de relacionarse con los demás, cuyas premisas son: independencia, no posesividad y no adicción. La persona no apegada es capaz de controlar sus temores a la perdida, a la no obtención del resultado, al abandono. Sabe que todas esas cosas no tienene en realidad trascendencia. De esa manera no hay cabida al egoismo ni a la deshonestidad.

La ley del desapego

Siguiendo a Deepak Chopra, esta ley nos dice que para adquirir cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella. Esto no significa que renunciemos a la intención de cumplir nuestro deseo. No renunciamos a la intención ni al deseo; renunciamos al interés por el resultado. Combinando al mismo tiempo la intención concentrada y el desapego, conseguiremos lo que deseamos.

El apego, por el contrario, se basa en el temor y en la inseguridad. Es algo que produce ansiedad y acaba por hacernos sentir vacíos. El apego es producto de la conciencia de la pobreza. En cambio, el desapego es sinónimo de conciencia de riqueza, y a partir de ahí se cuenta con la libertad para crear y hacerlo todo posible. Entonces, las cosas vendrán a nosotros espontáneamente y sin esfuerzo. Con apego somos prisioneros de la inquietud, la desesperanza, las necesidades mundanas, los intereses triviales. En definitiva, arrastramos una conciencia de la pobreza y de la carencia, y de esa manera, arrastramos una existencia mediocre.

La gente busca constantemente seguridad, pero con el tiempo descubriremos que esa búsqueda es en realidad algo muy efímero. Hasta el apego al dinero es una señal de inseguridad.

Quienes buscan la seguridad la persiguen durante toda la vida sin encontrarla jamás. La seguridad es evasiva y efímera porque no puede depender exclusivamente del dinero. El apego al dinero siempre creará inseguridad, no importa cuánto dinero se tenga en el banco. De hecho, algunas de las personas que más dinero tienen son las más inseguras.

La búsqueda de la seguridad es una ilusión. Esto significa que la búsqueda de seguridad y de certeza es en realidad un apego a lo conocido. ¿Y qué es lo conocido? Lo conocido es el pasado. Lo conocido no es otra cosa que la prisión del condicionamiento anterior. Allí no hay evolución, absolutamente ninguna evolución. Y cuando no hay evolución, sobrevienen el estancamiento, el desorden, el caos y la decadencia.

La incertidumbre, por otra parte, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones.

Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy es el Yo que ha quedado de ayer.

Renunciemos a nuestro apego a lo conocido y adentrémonos en lo desconocido, así entraremos en el campo de todas las posibilidades. Esto significa que en cada momento de nuestra vida habrá emoción, aventura, misterio. Pero cuando hay apego, la intención queda atrapada en una forma de pensar rígida y se pierden la fluidez, la creatividad y la espontaneidad.

Cuando nos apegamos a algo, congelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa flexibilidad infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que obstaculiza el proceso total de la creación.

Esta ley no obstaculiza la fijación de metas. Siempre tenemos la intención de avanzar en una determinada dirección, siempre tenemos una meta. Sin embargo, entre el punto A y el punto B hay un número infinito de posibilidades, y si la incertidumbre está presente, podremos cambiar de dirección en cualquier momento si encontramos un ideal superior o algo que nos llena más. Al mismo tiempo, será menos probable que forcemos las soluciones de los problemas, lo cual hará posible que nos mantengamos atentos a las oportunidades. La ley del desapego acelera el proceso de creación de aquello que tenemos intención de obtener. Cuando entendemos esta ley, no nos sentimos obligados a forzar las soluciones de los problemas. Porque cuando forzamos las soluciones, solamente creamos nuevos problemas. No existen problemas sino oportunidades de cambiar y mejorar. Cuando nuestro estado de preparación se encuentre con la oportunidad, la solución aparecerá espontáneamente. Lo que resulta de esto es lo que denominamos comúnmente «buena suerte». La buena suerte no es otra cosa que la unión del estado de preparación con la oportunidad.

Ésta es, según Deepak Chopra la receta perfecta para el éxito, y como vemos, se basa en la ley del desapego.
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¡Que ustedes se desapeguen bien!